El Château

LA CASA
Construida en 1933, la casa de Ancón responde a un estilo ecléctico singular, donde conviven influencias neocoloniales californianas con una marcada impronta francesa. Su arquitectura fue pensada para la vida social y el retiro, con una escala doméstica que dialoga con el paisaje y el tiempo.
Materiales, mobiliario y objetos fueron traídos desde Europa —Francia, Italia y Portugal— y aún conservan su carácter original: vajilla de Limoges, piezas de época, textiles, carpinterías y detalles que definen una estética cuidada y coherente.
Más que un edificio, la casa funciona como un museo habitado. Cada ambiente mantiene su función y su espíritu, permitiendo experimentar la vida cotidiana de otra época con el confort y la hospitalidad del presente.
El Arte
El arte en Ancón no se presenta como colección, sino como parte orgánica de la casa. Obras, objetos y piezas familiares conviven con los espacios de uso diario, integrándose de manera natural a la vida cotidiana.
Muchas de estas piezas llegaron desde Europa junto con la familia: obras francesas, objetos italianos, cerámicas, cristalería y elementos decorativos que dialogan con la arquitectura y el mobiliario original. Cada uno aporta una capa de sentido y memoria.
El arte acompaña la experiencia sin imponerse. Está presente en los salones, en los pasillos, en la biblioteca y en la mesa, como una expresión silenciosa del vínculo entre cultura, hospitalidad y tiempo.


El entorno
El Château se abre a un entorno diseñado con la misma atención que la casa. Los jardines originales fueron concebidos por el paisajista Carlos Thays, integrando especies, recorridos y perspectivas que dialogan con la montaña y el ritmo del Valle.
Senderos, terrazas y áreas verdes invitan a caminar, observar y permanecer. El paisaje no funciona como fondo escénico, sino como un ambiente más, que acompaña la experiencia de la casa.
Hoy, este entorno convive con una bodega boutique activa, dedicada a la producción de vinos de alta calidad. Jardines, viñedos y arquitectura conforman un conjunto vivo, donde pasado y presente se enlazan con naturalidad.
